Las siguientes preguntas y respuestas con la directora de Investigación de Silent Spring aparecieron por primera vez en Wellness Chat, una serie de charlas en línea de EWG donde se dan a conocer las últimas noticias sobre prevención del cáncer a través de charlas con expertos en dicho campo.

Abuela con su hija y su nieta en el parque sonriendo a la cámara

En el mes de octubre, EWG publicó una serie de artículos destacando las decisiones que pueden tomar las personas en su vida diaria, desde elegir productos de limpieza y de cuidado personal no tóxicos, hasta comer bien y mantenerse en forma, algo que puede tener un impacto duradero en su salud. El grupo concluyó el mes de concienciación sobre el cáncer de mama con la visión de uno de los principales científicos en el campo de la investigación del cáncer de mama, Ruthann Rudel.

EWG: Los disruptores endocrinos, o EDC, han recibido especial atención como un posible riesgo de cáncer de mama. ¿Por qué?

RUDEL: Los disruptores endocrinos son sustancias químicas que imitan o interfieren con el sistema hormonal natural del cuerpo. Estas sustancias químicas sintéticas se usan extensamente en los productos de consumo. Se pueden encontrar en artículos de cuidado personal, muebles, envases de alimentos, materiales de construcción, cosas a las que estamos expuestos a diario. De hecho, nuestra investigación fue la primera en demostrar que los productos de consumo son una fuente importante de exposición a los EDC. Las compañías acostumbraban a afirmar que las sustancias químicas permanecían en sus productos. Pero ahora sabemos que eso no es verdad. Las sustancias químicas que alteran las hormonas pueden escapar de los productos, acumularse en el aire y el polvo de los interiores y entrar en nuestros cuerpos.

La razón por la que los EDC son tan preocupantes para el cáncer de mama es porque se ha demostrado que las hormonas afectan el riesgo de cáncer de mama. Según lo que sabemos sobre cómo se desarrolla el cáncer de mama, las sustancias químicas que se comportan como hormonas pueden aumentar la susceptibilidad a la enfermedad de dos maneras: pueden alimentar un tumor de mama ya existente o alterar la composición de la mama, dejándola más vulnerable a los carcinógenos.

Vemos indicios de esto en estudios con seres humanos. En la Iniciativa de Salud de la Mujer (Women’s Health Initiative), se descubrió que las mujeres que seguían una terapia de reemplazo hormonal combinada (HRT) tenían mayores probabilidades de desarrollar cáncer de mama. También sabemos que las mujeres que estuvieron expuestas en el útero al DES (dietilestilbestrol), un estrógeno sintético administrado a las mujeres embarazadas comenzando en la década de 1940 para reducir el riesgo de complicaciones, también tienen más probabilidades de desarrollar cáncer de mama con la edad.

EWG: Un estudio del Silent Spring Institute analizó una amplia gama de productos de cuidado personal, limpieza y del hogar, y encontró 55 EDCS diferentes, incluyendo muchos que no figuraban en las etiquetas de los productos. ¿Le sorprendió esto? ¿Qué pueden hacer las personas para evitar estas sustancias químicas?

RUDEL: Es evidente que muchas compañías se esfuerzan por utilizar únicamente ingredientes seguros. Sin embargo, a pesar de esos esfuerzos, nos sorprendió encontrar sustancias químicas nocivas en varios productos comercializados como alternativas más seguras, incluidos los protectores solares saludables. También detectamos un nuevo tipo de ftalato en algunos de los productos que analizamos. Los ftalatos son sustancias químicas que alteran las hormonas y que se encuentran en los plásticos y en productos de cuidado personal. En el momento de nuestro estudio, había tres ftalatos en el mercado que habían presentado preocupaciones de salud. En su intención por evitar estas sustancias químicas, las compañías comenzaron a reemplazar los ftalatos en sus productos con uno diferente, que era igualmente preocupante. Y comenzamos a ver indicios de esto en los productos alternativos del mercado. Para nosotros, esto nos hizo pensar que realmente necesitamos adoptar un enfoque más holístico a la hora de regular las sustancias químicas, un enfoque que tenga en cuenta las clases de sustancias químicas en lugar del producto químico aisladamente.

La buena noticia es que hay cosas que la gente puede hacer para reducir su exposición. Recientemente desarrollamos una aplicación móvil llamada Detox Me que ofrece consejos enfocados en el comportamiento de las personas en vez de en productos específicos. Por ejemplo: evitar ciertos tipos de productos, asegurarse de que su casa o lugar de trabajo tenga buena ventilación, mantener los niveles de polvo en el interior bajos con un trapeador húmedo y una aspiradora potente con un filtro HEPA, cambiar las cortinas de ducha de vinilo, una fuente de ftalatos, por una de tela de secado rápido como el nailon. Estas son cosas relativamente fáciles de hacer y que pueden lograr una gran diferencia.

EWG: Silent Spring Institute condujo un estudio que identificó 216 sustancias químicas causantes de tumores de glándulas mamarias en animales. ¿Por qué fue importante este estudio?

RUDEL: Antes de nuestro estudio, la mayoría de lo que se sabía sobre la relación entre las sustancias químicas y el cáncer provenía de estudios ocupacionales donde los trabajadores estaban expuestos a altos niveles de carcinógenos. Sin embargo, esos estudios se realizaban principalmente en hombres y no consideraban el tema del cáncer de mama. Por eso decidimos analizar más de cerca los estudios con animales. No solo identificamos más de 200 sustancias químicas que causan tumores de las glándulas mamarias, sino que más tarde descubrimos que las mujeres suelen estar expuestas a la mitad de estas sustancias químicas en su vida diaria.

Los estudios con animales pueden aportar mucha información sobre los distintos efectos que las sustancias químicas pueden tener sobre el cáncer de mama. Nos ayudan a priorizar en qué sustancias químicas debemos centrarnos, quiénes son los malos de la película, por así decirlo. También sabemos que en los casos en que se han analizado sustancias químicas tanto en animales como en seres humanos, hay una buena correlación entre los dos. Eso nos da la confianza de que podemos usar los datos de los estudios con animales para guiar nuestra investigación y cambiar la normativa pública. Es más, este enfoque, que comienza con una enfermedad y mira hacia adelante para ver qué sustancias químicas pueden contribuir a ella, puede extenderse a otros resultados de salud, como la diabetes o efectos en el desarrollo cerebral de los niños.

Ahora los investigadores están tratando de responder a preguntas más complejas, como determinar de qué manera la exposición a los EDC en la infancia puede afectar la susceptibilidad al cáncer de mama en la edad adulta. Actualmente estamos involucrados en un proyecto multi-institucional que estudia si la exposición a tres EDC diferentes durante la adolescencia provoca alteraciones en los senos que podrían predisponer a las niñas al cáncer de mama con la edad. Estamos siguiendo a un grupo de 500 niñas latinas en Chile; estamos estudiando sus exposiciones a sustancias químicas, así como los cambios en la composición de sus senos a lo largo del tiempo. Trabajando en paralelo, un equipo de colaboradores está realizando experimentos con animales para entender mejor los efectos biológicos de estas sustancias químicas en ratas adolescentes. Dicho programa está financiado por el programa de Investigación del Cáncer de Mama y el Medioambiente (BCERP), un programa de los Institutos Nacionales de Salud enfocados en la prevención del cáncer de mama y la salud ambiental.

EWG: Durante sus años como investigadora del cáncer de mama, ¿cuáles son algunas de las sustancias químicas más preocupantes que encontró en espacios interiores y qué pueden hacer las personas para evitarlas?

RUDEL: Yo diría que algunas de las sustancias químicas más tóxicas son los materiales resistentes al fuego encontrados en muebles, aparatos electrónicos y materiales de construcción. Los encontramos continuamente en casi todos los lugares de donde recogemos muestras de polvo. Algunos de ellos son cancerígenos y pueden estar presentes en concentraciones bastante altas. En el 2008, hicimos un estudio que mostraba que los californianos presentan el doble del promedio nacional de ignífugos en la sangre debido a los estándares de inflamabilidad para muebles particulares de este estado. El estado finalmente cambió su estándar y permitió que los fabricantes fabricaran muebles libres de ignífugos sin comprometer la seguridad contra incendios. Como resultado, los consumidores de todo el país pueden comprar ahora muebles sin ignífugos.

Desafortunadamente, todavía hay muchos productos en el mercado que contienen materiales resistentes al fuego. Mantener bajos niveles de polvo en su casa y lavarse las manos con frecuencia puede ayudar a reducir la exposición. Pero también, los consumidores deben seguir promoviendo la eliminación de estas sustancias químicas de los productos. Ya sea apoyando legislación que limite su uso o ejerciendo presión sobre la Comisión de Seguridad de Productos de Consumidor, así como sobre la Agencia Nacional de Protección contra Incendios, para promover la seguridad contra incendios que no implique sustancias químicas tóxicas, es importante que se escuche la voz de los consumidores.

Las sustancias químicas altamente fluoradas llamadas PFAS (sustancias perfluoradas y compuestos perfluorados) también son preocupantes. Se utilizan en aplicaciones industriales como espumas contra incendios, pero también se encuentran en una variedad de productos de consumo, como sartenes antiadherentes, envases de alimentos y telas resistentes al agua y a las manchas. La gente está comenzando a prestar más atención a estas sustancias químicas, especialmente desde que salieron a la luz hallazgos recientes indicando que millones de estadounidenses están expuestos a ellos a través de agua potable contaminada. Los productos químicos altamente fluorados no solo están asociados con varios tipos de cáncer y otros efectos sobre la salud, sino que se encuentran constantemente en el medio ambiente. Por lo tanto, es muy importante que identifiquemos las principales fuentes de exposición para que podamos tomar medidas para reducir nuestra exposición a estas sustancias químicas dañinas.

EWG: ¿Por qué es importante enfocarnos en el principio de precaución, que consiste en errar del lado de la salud pública aun cuando no hay evidencia definitiva de daño, en relación con las exposiciones ambientales y el cáncer de mama?

RUDEL: Hay varias razones por las que este enfoque es esencial. Una de ellas es que para probar definitivamente que una sustancia química causa cáncer de mama, habría que hacer un estudio en el cual los investigadores expusieran a los participantes humanos a una sustancia química potencialmente tóxica y después esperar 50 años para ver quién desarrolla cáncer de mama. No solo es poco práctico, sino tampoco es ético. Por lo tanto, tenemos que confiar en métodos predictivos. Si tenemos pruebas de que una sustancia química afecta un proceso biológico que provoca cáncer de mama y tenemos pruebas de que las personas están expuestas a esta sustancia química, entonces debemos actuar para reducir su exposición y proteger su salud. Nadie debería tener cáncer de mama por haber estado expuesto a sustancias químicas tóxicas.

Recientemente hemos descubierto que las mujeres que estuvieron expuestas a los niveles más altos del pesticida DDT antes de los 14 años tienen un riesgo cinco veces mayor de desarrollar cáncer de mama en comparación a las mujeres con exposiciones más bajas. La Dra. Rachel Carson nos advirtió sobre el DDT porque los pájaros estaban muriendo y, sin embargo, se tardó 50 años en descubrir que el DDT causa cáncer de mama. No queremos volver a cometer ese error.

También sabemos que reducir las exposiciones salva vidas. Tomen la iniciativa de Salud de la Mujer. Debido a que se descubrió que los riesgos de seguir una terapia de reemplazo hormonal superan los beneficios, las mujeres dejaron de tomar los medicamentos. Como resultado, entre 15,000 a 20,000 mujeres al año solo en los Estados Unidos se han salvado de un diagnóstico de cáncer de mama. Imagínense cuántas mujeres más podrían salvarse si algunas de estas sustancias químicas que alteran las hormonas se eliminaran de nuestro medio ambiente.

EWG: ¿Cuál es el aspecto más satisfactorio del trabajo que realiza en Silent Spring Institute?

RUDEL: Creo que uno de los aspectos más satisfactorios de mi trabajo es poder capacitar a una generación más joven de científicos y poder enseñarles que se puede aplicar la ciencia al interés público. No solo estamos tratando de avanzar la ciencia con relación al nexo que hay entre las sustancias químicas ambientales y el cáncer de mama, sino que queremos asegurarnos de que nuestra ciencia se convierta en normativas que protejan la salud, para que podamos reducir la incidencia de cáncer de mama y crear un entorno más sano para todos.

Y hemos tenido éxito en ese sentido, hemos ayudado a cambiar el estándar de inflamabilidad del estado de California. Más recientemente, nuestra investigación llevó a la ciudad de Boston a cambiar su código de incendios para que los hospitales, escuelas, universidades y otros edificios públicos con sistemas de aspersores ahora puedan usar muebles sin ignífugos. Inmediatamente después de la actualización del código de incendios, varias instituciones comenzaron a hacer cambios. Estas y otras victorias ayudan a demostrar a los jóvenes científicos que realmente pueden lograr diferencias, y eso es muy gratificante.

Ruthann Rudel es la directora de investigación del Silent Spring Institute y co-investigadora del estudio ELLA. Está a cargo de los programas de investigación de toxicología y exposición a sustancias químicas del Instituto, que se enfocan en los disruptores endocrinos y en los mecanismos por los que las sustancias químicas de nuestro entorno diario aumentan el riesgo de cáncer de mama.

Copyright © Environmental Working Group, www.ewg.org. Reproducido con permiso

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